jueves, 21 de agosto de 2008

Echando a perder se aprende

El otro día leí una anécdota interesante, de esas que parecen ir contra el sentido común.

Una clase de escultura fue dividida en dos grupos. Al primer grupo se le dijo que iban a ser calificados exclusivamente por el peso que produjeran en esculturas. Al final del semestre, tendrían que poner todas sus esculturas sobre una balanza y serían calificados por la cantidad de kilos, sin importar si lo que producían era de calidad o era digno de ser lanzado al basurero.

Al segundo grupo se le dijo que iba a ser calificado exclusivamente por la calidad de lo que produjeran. No importaba si era una escultura o cien. El punto era que tenía que ser algo de calidad, verdaderamente destacable y digno de admiración.

El resultado? Seis meses después el grupo que se calificaba por peso presentó toda una serie de esculturas maravillosas. Y el grupo calificado por calidad presentó muchos dibujos llenos de tachones y correcciones, y un par de esculturas dignas de ser lanzadas al basurero.

Qué pasó? El grupo de peso se lanzó a producir, sin importar lo que produjeran. Si algo les salía bien, perfecto. Y si les salía mal simplemente lo hacían a un lado y empezaban de nuevo... igual serviría. Y después de muchas esculturas mal hechas, empezaron a salir trabajos verdaderamente buenos. Debido a la experiencia que habían adquirido, la calidad empezó a nacer por sí sola en el trabajo.

El grupo de calidad trató de "hacerlo bien a la primera", sin contar con suficiente experiencia. No se permitieron experimentar, no se permitieron equivocarse. Y el resultado, evidentemente, fue desastroso. Muchos planes, muchos proyectos, y cero producción.

Cuál es la moraleja de todo esto? A veces hay que lanzarse a hacer las cosas, para ver cómo salen. Y si salen mal, hay que volverlas a hacer. Y si siguen saliendo mal, hay que volver a empezar y buscar otra fórmula con la que si salgan bien. El aprendizaje en parte es planeamiento, pero también es destreza adquirida. Si no nos damos la oportunidad de equivocarnos, nunca vamos a aprender cuál es la manera correcta de hacer las cosas.

3 comentarios:

gama dijo...

Es algo muy cierto a nivel personal, en materia laboral la cosa no es tan sencilla, por la poca oportunidad que se brinda para la creatividad y el desarrollo de las personas, priva mas ir a la segura.

Terox dijo...

Diay, si los recursos son ilimitados, incluyendo el tiempo, se puede dar uno el lujo de aplicar a rajatabla esta máxima (conste que algunos no aprenden ni echando a perder). Pero en el mundo real, la cosa es más compleja... usualmente implica ir probando cosas nuevas poco a poco, para coger experiencia sin arriesgarse demasiado...

andrés dijo...

Es cierto hay que experimentar, si uno no experimenta no descubre procesos nuevos y mejorados.

Pero este post me pone a pensar en la U cuando haciamos campañas de 200 millones de colones y estaban bien o haciamos presupuestos de 40 millones adicionales a la campaña y nos rajabamos en proyectos complejisimos y estaban bien.

En el mundo real, profesional, es lo contrario, le damos 2 millones y haga una campaña que parezca de 50m!. O uno propone y no hay presupuesto.

Me parece mas logico encontrar el punto medio y siempre buscando maximizar el potencial de los recursos, las ideas, sacarle el jugo dicho vulgarmente. Bueno al menos en mi carrera ya que siempre, siempre hay limitaciones de recursos. y si, mentales.