jueves, 29 de enero de 2009

GTD: una intro rápida

Después de haberme puesto voluntariamente como rata de laboratorio para la metodología GTD (Getting things done) de David Allen, durante varios meses, creo que he acumulado suficiente conocimiento como para explicar más o menos por donde va la procesión, y ver si alguien mas quiere sumarse.

GTD, que en español se traduce "terminando las cosas", es una filosofía de administración del tiempo y organización personal. En realidad según sus creadores es una filosofía de "administración de vida", aunque yo mejor me quedo en el nivel de administración de tiempo para que no empiece a sonar medio paranormal la cosa.

El principio fundamental del GTD es que la mente humana no sirve para almacenar información, por lo menos no de una manera inteligente. Lo que dice la gente a diario, de que tiene memoria de teflón, es la norma y no la excepción en GTD. Los seres humanos olvidan fácilmente las cosas que tienen que recordar, en el momento oportuno para recordarlas. En otras palabras uno nunca se acuerda que la gasolina sube al día siguiente cuando está pasando frente a la bomba... uno se acuerda a las 10 de la noche cuando está en la casa, listo para irse a dormir.

Pero, la mente si es muy buena para tomar decisiones con la información que le llega. Es muy buena para crear planes que permitan llegar a un lugar deseado. Es muy buena para decidir qué es importante, qué puede esperar, y qué no tiene importancia alguna.

Así que lo que hay que hacer, es lo obvio. Que la mente se dedique a tomar decisiones y hacer planes, y no a tratar de recordar 800 pedazos de información aleatoria. Esa labor de recordar se la pasamos a algo externo, que sí sea bueno para recordar... llámese papel, computadora, agenda, etc.

Ya con la mente despejada de todos esos pedazos de información, se vuelve mucho más fácil pensar y tomar las decisiones necesarias. Y esa es la maravilla del GTD: le permite a uno pensar tranquilamente, sin las interrupciones de 800 cosas que están compitiendo para que uno las recuerde. Y aunque parezca mentira, ese estado de libertad para pensar es algo totalmente nuevo y diferente para la mayoría de las personas.

Si les despierta curiosidad, embárquense unas semanas. Pruébenlo. Si les funciona, excelente... y si no, pues, sigan con su rutina normal. Aunque lo mas probable es que, como muchos otros, después de unas semanas se estén preguntando cómo habían logrado sobrevivir sin esto.